“Si son de Chivilcoy deben ser buenos” dijo el taxista que
nos acercó hasta Shapó, justo antes de bajarnos y de habernos contado cuántos
colegas de su parada vienen de la misma ciudad. Es un viernes bastante frío,
clima que este año aún no nos tiene acostumbrados. Ahí estábamos, en la puerta
del lugar que en pocas horas se llenaría para ver a Científicos del Palo, esa
banda que revolucionó la música nacional con su disco “La Histeria Argentina”,
primer trabajo conceptual sobre la historia de nuestro país con un revisionismo
bastante particular. Pero antes, toca Oesterheld.
Nicolás se queda con los teclados afuera, mirando
ansiosamente para ambos lados de la calle y esperando la llegada de sus
compañeros para probar sonido juntos. No falta mucho para el show y la
expectativa crece. Ya son las 19 y en minutos arranca la música. Mientras
esperamos fuera, se hace presente Popete, bajista de Científicos, que pregunta:
“¿Oesterheld o Solene?”. “Oesterheld, maestro” se apresura a decir Nico,
mientras que yo simplemente me defino como “un apoyo moral de la banda”. Popete
agradece y se va a comprar un tostado al lado. “Lo que es estar descompuesto,
me tomaría una birra” dice entre risas y vuelve a subir, invitándonos a
seguirlo. Llegan todos los músicos y subimos con los instrumentos. Los pibes
tienen están con ganas de tocar, se notan sus gestos de querer que el tiempo
pase rápido. Decidimos con Tecla, mítico seguidor de la banda, dejarlos un rato
solos. La próxima vez que nos veamos ya estarán en el escenario.
Apenas pasadas las 20:30 volvemos a ingresar. Desde la
entrada escuchamos una banda tocar pero reconocemos que no es ninguna canción
de la banda chivilcoyana: suena un rock más crudo, con guitarras al frente y
una voz aguda que le queda bien. Es Solene, banda platense que abrió la noche.
Luego de cinco temas y los aplausos de los presentes, agradecen y bajan.
Minutos nomás y aparece Oesterheld.
Una campera de la Selección Argentina, una remera con la cara
de Juan Román Riquelme, otra con la de Evo Morales, presidente de Bolivia, que
reza “Evo – Lution”. Si hay algo que define a Oesterheld es su identificación
con las pasiones más profundas que tienen, y la pureza de mostrarse sin tapujos
ni caretas al público. Esto somos, esto pensamos. Y así sonamos. “Precisas
particularidades de la época” comienza a sonar en el escenario y abajo se
despliega la bandera que los acompaña en todos sus recitales. Suena fina, se
notan las horas y horas de ensayo. La fuerte presencia del saxo le da una impronta
fresca a la canción, que termina con una parte instrumental rápida y acertada
por parte de todos. Los aplausos se hacen escuchar mientras el lugar se va
llenando cada vez más. Antes del siguiente tema, se escucha “Oh, vamos
Oesterheld”, el canto tradicional de los seguidores de la banda. Pronto llega
“Yo soy vos”, tal vez uno de los temas más antiguos de la banda pero que
siempre debe estar presente. Ronda un aire tranquilo de a poco va subiendo más
y más, hasta finalizar con un solo de Maxi Cardiello, saxofonista, que hace
clamar las palmas de la gente.
Ya está captada la atención de todos los que están en la
sala, los pasajes de rock progresivo de “El jardín de Sara” hacen que todos
escuchen y miren atentos. En el escenario hay virtuosidad y la concurrencia lo
nota. Hay sonidos disparados desde los teclados que nos hacen recordar a los
efectos de La Máquina de Hacer Pájaros, para luego culminar con un solo de
guitarra a cargo de Juan Pablo Lavigna. Más aplausos y otra vez el cantito
coreado de los seguidores. “Un aire de otoño” sigue y es especial para este
viernes ventoso y friolento, que se calienta únicamente con la música en los
corazones. Julián Muchiut y Diego Strata, en batería y guitarra, marcan el
ritmo que comienza lento y se consuma con melodías arraigadas en Latinoamérica.
Ya son treinta los minutos de show, y el final se acerca.
Llega “Oesterheld”, el tema que le da nombre a la banda y que
tiene un peso por sí mismo. No es cualquier nombre. La consistencia del nombre
Oesterheld tiene un compromiso especial, y miles de otras significancias que
plantan bandera en una época que es necesario hacerlo, así como lo fue de vital
importancia en la época en que a Germán Oesterheld lo hicieron inmortal. El
lugar ya está lleno, y todos están atentos a la música, a las palabras
disparadas desde el micrófono, ese arma que tienen los poetas.
El show concluye entre los tórridos y encendidos aplausos de
la gente, y el agradecimiento de la banda. Un recital corto pero concreto,
preciso, que pegó donde había que pegar con una lista de temas electa a medida.
La bandera se agita con la pasión de siempre y el canto de los fieles
seguidores se hace escuchar junto con la excelente aprobación de quienes
escucharon a la banda por primera vez. “Me encantó, loco” diría después Pepo
San Martín, cantante de Científicos del Palo que subió instantes después para
continuar la línea de hacer arte diciendo cosas importantes.




